jueves, 7 de mayo de 2009

CALIDAD DE LA EDUCACION: CALIDAD DEL PROFESOR


Hoy día es muy frecuente oír hablar de la implantación de los procesos de calidad en las empresas, y muchos centros educativos también estamos involucrados en ello, como una forma más de mejorar la educación que impartimos. Todos los que de una manera u otra trabajamos en este mundo nos preguntamos continuamente: “¿Cómo alcanzar la Excelencia en la Educación?”.


Podríamos dar varias respuestas: con un proyecto pedagógico innovador; implantando un sistema de calidad para mejorar la gestión y que ésta sea avalada por un reconocimiento externo; con la mejora de las infraestructuras, instalaciones y, en general, de los medios materiales necesarios para desarrollar con eficacia nuestra labor; etc. Todas estas respuestas podrían ser más o menos válidas, pero, en mi opinión, si queremos alcanzar una educación de calidad lo más importante es conseguir la calidad del profesor, no del profesorado en general, sino de cada profesor en particular.


Cuando tratamos de la calidad del profesorado, pensamos siempre en su formación continua, tanto en su aspecto pedagógico como curricular; en la conveniencia de que domine dos o tres idiomas para llevar a cabo una educación bilingüe o trilingüe; en adecuar su enseñanza a las nuevas disposiciones educativas –la ley orgánica de educación (LOE) y el Currículo Vasco–; en la adaptación de la metodología de las clases a la enseñanza por competencias, según las propuestas de la Unión Europea; etc. En todos estos aspectos se está trabajando con profesionalidad y competencia, pero hoy me gustaría poner el acento en uno muy especial que nos hace mirar más lejos: el importante papel que tiene el profesor como educador. A menudo, el pragmatismo de la sociedad actual lleva a ver la labor de los profesores y de los centros, casi sólo como simples transmisores de conocimientos y de unos ciertos valores genéricos, cuando realmente, tanto unos como otros, son un importante apoyo para los padres en la educación de sus hijos como personas.


Para hacer bien su labor, el punto de partida es que el profesor tenga verdadera vocación docente, que le guste lo que hace, que se dé cuenta de la importancia de su trabajo y que disfrute haciéndolo, ya que de no ser así podríamos contar con un profesorado que sabe pedagogía, que sabe enseñar, pero que no está capacitado para educar. Si queremos una Educación de Calidad no se puede reducir la labor de los profesores a impartir unas clases, su tarea es mucho más amplia y atractiva.


El educador debe aspirar a ofrecer, junto a la buena labor docente, un estilo de vida coherente, que pueda ser un modelo válido para sus alumnos. Para educar es importante también que los profesores sean capaces de transmitir con su actitud el ideario del centro educativo en el que trabajan, ya que los padres que han optado por ese colegio –no podemos olvidar que la familia debe recuperar su protagonismo como escuela de virtudes y transmisión de valores– lo primero que esperan, es que se eduque a sus hijos conforme a los valores que conforman ese ideario.


Uno de los aspectos que todos los miembros de la comunidad educativa debemos esforzarnos por vivir es la alteridad, esa actitud que lleva a ver en los demás –en el alumno, en otro profesor, en los padres– una persona a quien se puede y se debe ayudar, y por tanto el profesor no sólo debe impartir las clases con altura profesional, sino que debe darse él mismo. Si esto se consigue, los padres verán realmente en el profesor un apoyo eficaz en la importante tarea de educar a sus hijos.


Otro aspecto que debe destacar en la labor del profesor y, por supuesto, en la de los padres, es la ejemplaridad. Es verdad que todos queremos dejar un buen legado a las futuras generaciones, pero lo mejor que podemos darles es nuestro ejemplo, no podemos olvidar que “una imagen vale más que mil palabras”. Nuestros jóvenes necesitan el ejemplo de personas con voluntad, es decir, con la fortaleza necesaria para lograr aquello que consideran bueno y valioso, y conseguir así una mayor libertad, porque son capaces de alcanzar las metas que se proponen mediante un trabajo esforzado y prolongado en el tiempo. Sólo si despertamos en los alumnos el interés por conocer la verdad, y procuramos fortalecer su voluntad, conseguiremos, además de unos buenos resultados académicos, que sean personas responsables en el futuro.


Los profesores que entienden así su tarea docente sienten profundamente la grandeza de su profesión, son capaces de estar ilusionados con la tarea diaria y harán que su autoridad y su prestigio social sean cada vez más reconocidos. Esto nos lleva a esforzarnos por hacer cada día un poco mejor nuestra labor de educadores, tratando de ser una referencia válida para nuestros niños y nuestros jóvenes, y una ayuda eficaz para los padres en la educación de los hijos.


Este es el principal reto que tiene cualquier proyecto educativo que tenga como misión preparar unos buenos ciudadanos para el siglo XXI, y en ello nos debemos involucrar todos y cada uno de los profesores. Ya sabemos que esto no es fácil, pero, ¿hay algo fácil que merezca la pena?

EL PROFESOR CREATIVO EN UNA SOCIEDAD MEDIÁTICA


Todo individuo posee capacidades creativas. La capacidad creativa, en la forma en que el individuo la posee es susceptible de desarrollarse en la práctica. Por ello, el ejercicio de la creatividad debe hacerse en el aula. El profesor es el método -instrumento, método, medio y mensaje- pues durante muchos años de la vida educativa de una persona, los profesores son el único punto de referencia que la sociedad, salvando a la familia, aporta al individuo humano. Tal posición clave, en un proceso tan complejo y de altísima responsabilidad como es colaborar con los niños, jóvenes y adultos en el desarrollo y formación de su personalidad, inteligencia y capacidades físicas, requiere una alta cualificación profesional unida a ciertas aptitudes y actitudes personales.


Por otra parte, el papel del docente en el proceso educativo ha cambiado o va modificándose, a la luz de los principios que inspiran la pedagogía actual, en la que la actividad del alumno, sus capacidades individuales y sus intereses, adquieren una mayor preponderancia, pasando a ocupar el centro de gravedad del proceso educativo que en otro tiempo estuvo vinculado más estrechamente a la personalidad del maestro o a los contenidos de la enseñanza. El grupo es utilizado como medio de formación.


El esfuerzo del profesor trata de orientarse más ampliamente a dirigir al alumno para que éste recorra responsablemente el camino de su propio aprendizaje, perdiendo importancia su labor transmisora de conocimientos que en otros momentos ocupó la mayor parte de su actividad. Los nuevos medios tecnológicos, con utilización en muchos casos de lenguajeverbo-icónico, se convierten en preciosos auxiliares, modificando en parte, la forma de realizar su trabajo.


Todas estas circunstancias reclaman un constante cambio en el perfil profesional del docente para poder dar respuesta satisfactoria a las exigencias cuantitativas de formación del ciudadano actual. Para iniciar el aprendizaje de la creatividad el profesor debe ser creativo, que en la exposición de este artículo significa esfuerzo y planificación, ser sensible a los problemas de los alumnos y de la sociedad, conocedor de su entorno, abierto a todo tipo de técnicas y medios ayuden al proceso de aprendizaje y a la clarificación del mensaje.


Las técnicas de estudio, a las que tanta importancia damos en los últimos años, son todas ellas técnicas de creatividad, ya que proponen alternativas diferentes con resultados distintos para cada individuo, y a éste en relación con cada materia o disciplina. Los medios, en muchos casos son interactivos sin negar ninguno de los que proponen las nuevas tecnologías.


El profesor creativo.


El profesor creativo está al día en contenidos, sucesos y medios, Acepta todas las ideas por inusitadas que parezcan y las lleva a reflexión personal y a debate del grupo cuando es necesario. Respeta las ideas fantásticas o poco frecuentes.




  • Hace ver a sus alumnos que sus ideas son valiosas.


  • Introduce en las aulas actividades no sujetas a evaluación.


  • Ayuda al alumno a autoevaluarse


  • Brinda oportunidades para el aprendizaje espontáneo, que se da por propia iniciativa del alumno


  • Aplica el Brainstorming o torbellino de ideas como elemento de sugerencia de ideas.


  • Utiliza las nuevas tecnologías como modo de buscar ideas, aportar elementos visuales y sonorosy conectarse con otros mundos.


  • Incita a los alumnos a buscar nuevos caminos, nuevas formas de expresión y de búsqueda de información.

lunes, 27 de abril de 2009

LA EDUCACION COMO PROMOCION DE VIRTUDES Y VALORES


Generalmente cuando hablamos de educación nos quedamos con la sola idea de instrucción. Pensar esto es asimilar una parte integrante del término y olvidar los elementos que la comprenden. La instrucción es la comunicación de ideas o conocimientos, como puede ser el teorema de Pitágoras que un profesor enseña a sus alumnos. Estos contenidos se dirigen a la inteligencia; sin embargo, el hombre no es sólo inteligencia, es también voluntad y corazón, y es también un cuerpo; por eso existe también una educación de la voluntad, una educación física, etc.


¿Qué es la educación?


Desde su nacimiento el hombre necesita ser conducido por sus padres en esta enorme labor de ser hombre. Debe ser alimentado, protegido, se le debe enseñar una lengua, ciertos hábitos de comportamiento en sociedad, etc. Advertimos por tanto que el hombre no nace sino que debe perfeccionarse en el tiempo. La naturaleza humana exige ser perfeccionada, ser acabada, llegar a la plenitud. Esta plenitud, o el llegar a un grado de excelencia, es lo que los griegos llamaban areté y se puede traducir por la virtus de los latinos. Por tanto, el término virtud, que a nosotros nos suena con connotaciones morales, no tiene primariamente este sentido. Los antiguos eran conscientes de que todo ser, según su propia naturaleza, debía adquirir un grado de plenitud, de excelencia. Así, por ejemplo, un caballo virtuoso sería aquel que alcanzara mayor velocidad en la carrera, era pues un animal excelente, el mejor en el correr.


En este sentido podemos definir la educación como el desarrollo de lo humano en el hombre, la promoción de todas sus virtualidades perfectivas que están latentes en su naturaleza humana y le hacen alcanzar el estado de virtud. Últimamente se ha hecho más común emplear el término valor en lugar del de virtud. No es el caso discutir aquí si son o no equivalentes, aceptémoslos como sinónimos siempre y cuando entendamos el valor como una cualidad objetiva de los seres y no como una proyección subjetiva. Un valor debe ser algo necesario y absoluto tanto para el hombre de hoy como para el de mañana pues es un aspecto del bien.


Jerarquía de valores


¿Cómo podemos establecer una adecuada jerarquía de valores? Para que tal jerarquía no sea arbitraria debemos analizar la naturaleza humana. Descubrimos en el hombre -unidad de cuerpo y alma- tres dimensiones. La primera, relativa al cuerpo material, es la dimensión orgánica o biológica. La segunda y la tercera dimensión son relativas al alma: la dimensión racional o lógica y la dimensión moral o ética. A partir de aquí podemos discernir los tipos de valores.


Pongamos en el centro los valores intelectuales o espirituales. Éstos se mueven a la búsqueda de la verdad (valores teóricos, propio del entendimiento especulativo que ordena las ciencias) o del bien (valores prácticos) o de la belleza (valores técnicos, en cuanto que la razón técnica obra sobre la naturaleza mediante las artes, los oficios, etc.).


Ascendamos ahora en la escala de valores. ¿Qué ocurre si el hombre, en vez de trabajar sobre la naturaleza externa (la construcción de una casa, la elaboración de una pintura) obra sobre sí mismo para obtener su perfección? Es la búsqueda del bien en la propia naturaleza humana, la razón obra sobre sí misma para gobernar sus tendencias. Estamos ante los valores morales. Para cuyo ejercicio nos servimos de las virtudes morales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Estando la prudencia en el ámbito del intelecto y de la voluntad, pues es virtud rectora. Un paso más en la escala nos lleva a la cima, los valores religiosos. Se completan con ellos los valores morales al toparnos con lo sobrenatural. Estos valores nacen de la apertura de la persona a Dios.


Descendamos ahora un escalón desde los valores intelectuales. Nos encontramos con el hombre que se relaciona con otros hombres. Aparecen aquí los valores sociales y políticos. Un paso más abajo nos lleva a los valores vitales, el encuentro del hombre con su vida orgánica. Y finalmente, en el último grado, hallamos la relación que tiene el hombre con las cosas materiales, es decir, los valores materiales o económicos.


Por tanto, empezando con los valores supremos, la jerarquía de valores quedaría así: religiosos, morales, intelectuales, sociales y políticos, vitales y materiales. Somos conscientes que nuestra sociedad actual ha invertido la escala de valores, ya no tienen prioridad los valores religiosos y morales. Parece que nuestro mundo prefiere los valores económicos y vitales. ¿No advertimos cómo se cultiva el cuerpo, cómo se busca la salud, como un fin, sin preocuparse de la educación moral, de la conciencia, del sentido religioso? ¿No acapara hoy la economía todas las dimensiones del hombre? Hasta se piensa que hay calidad en la educación simplemente porque se invierte mucho en ella, porque se gasta mucho dinero. Los valores materiales no son malos, el problema es que no son los primeros; uno se preocupa más por tener un buen coche o el móvil de última hora que por tener una voluntad recia o una ardiente fe para soportar el sufrimiento y las adversidades de la vida.


¿Qué hay que educar?


Efectivamente hay que educar al hombre, pero analicemos brevemente qué aspectos del hombre hay que educar. Los valores enumerados arriba están en el hombre de forma virtual, de forma latente; nos queda, pues, la tarea de suscitarlos llevando al hombre a la perfección, a su estado de virtud. Para eso está la educación. Y habrá un tipo de educación según los diversos valores: educación religiosa, moral, intelectual, técnica, sensible y física.


Habrá que educar la cabeza; es decir, la inteligencia con la doctrina, las ideas, los conocimientos de las diversas disciplinas científicas. Es importante también la educación de la sensibilidad, de los afectos, del corazón, pasando del sano amor propio al amor de los demás. La educación de la praxis va desde el conocimiento del fin hasta la ejecución pasando por la deliberación: ¿Cuál es mi fin? ¿Qué debo hacer? ¿Cómo lograrlo? Una completa educación lo es también del cuerpo, es la educación física tan valorada hoy en día. Los latinos decían que había una mente sana en un cuerpo sano, y es muy cierto; por ejemplo, el máximo rendimiento intelectual tiene mucho que ver con un organismo sano: suficientes horas de sueño, buena alimentación, etc. Por eso advertimos que un valor superior está condicionado por el que le precede. El secreto de una buena educación está en la armonía, en la auténtica adaptación de todos los valores siguiendo la jerarquía establecida según la propia naturaleza del hombre. Hay una jerarquía de valores y una jerarquía de la educación, del cumplimiento de esos valores.


Cómo educar en las virtudes o valores


El hombre antiguo, el pueblo griego en particular, lo tenía muy claro. Educaba en las virtudes mediante los personajes ejemplares. Pensemos en la Ilíada o en la Odisea, en una sociedad donde apenas hay leyes escritas los deberes se transmiten mediante modelos de forma oral. Aunque los ideales homéricos están destinados a un grupo de la sociedad muy característico, la aristocracia, me interesa señalar el medio de educación: el ejemplo. Más tarde, la tragedia griega intentará hacer lo mismo aunque a otro tipo de sociedad. De estos dos ejemplos, la épica y la tragedia, se concluye que la literatura ha sido uno de los medios más aptos para mostrar modelos y antimodelos, enseñar lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. También la fe no tiene mejor forma de transición que el ejemplo, el testigo. Por eso la fe cristiana ha mostrado las vidas de los santos para la edificación del pueblo de Dios, presentando modelos reales de amor a Dios como para decirnos «si otros pudieran tú también puedes». Las manifestaciones artísticas son un medio apto para esta tarea, el arte, la literatura. Ahora bien, la transmisión de estos valores llega a nuestras manos gracias a una tradición.


La tradición es una herencia, es la entrega de un patrimonio de generaciones pasadas a generaciones presentes. Es decir, la tradición comunico algo, un modo de ser, una razón, un canon y una medida para el pensar y el obrar. Al fin y al cabo nos habla de Dios, origen y meta del hombre. Lo contario a la tradición sería el nihilismo, el culto a la nada, el vacío, el escepticismo. El mundo occidental tiene una gran herencia que se está viendo atacada, una tradición que es griega, romana, judía y cristiana. La llamada crisis de los valores se refiere a esto: vivimos en una crisis del ser, de la razón y del sentido; vivimos en una sociedad que ha invertido la jerarquía de valores. Y esto se manifiesta en el arte, en la literatura y en la educación actual.


La sede principal de la educación es la familia. ¿Dónde se debería desarrollar mejor el ejemplo sino en ella? La familia es la célula originaria y principal de la sociedad. No hay institución que la preceda, la familia nace del matrimonio. Y de la familia nacen las demás instituciones: municipio, Estado, etc. A la familia compete en primer lugar la educación de los hijos y una educación en todos los niveles, aunque para algunos deba servirse de las instituciones que ofrezca el Estado, como las escuelas. Pero esta oferta de Estado no debe negar y anular la prioridad de la familia como educadora, le toca a ella por derecho natural.


No hay que olvidar tampoco la relación entre educador y educando, dos polos que se dan tanto en la familia (relación padre hijo) como en la escuela (relación maestro alumno). Nos encontramos pues una causa (educador) y un efecto (educación) siempre con la colaboración del educando. Son las personas las que educan, sólo de manera indirecta educan otros elementos como los instrumentos (bibliotecas, vídeos, etc.) o el ambiente natural y social. El educador goza de autoridad, algo que se está perdiendo en nuestra sociedad occidental. El educador tiene autoridad porque aumenta, perfecciona la vida de alguien. El educador tiene el bien y la verdad que busca el educando. Aunque esa verdad y ese bien que posee y ofrece el educador es participado por Dios, Dios la posee en grado sumo. La experiencia, propia de la mayor edad, confiera también autoridad al educador.


Nuestro principal cometido será vivir como verdaderos educadores (en la casa, en la escuela, en la catequesis, etc.), que los niños y jóvenes sobre los que tenemos influencia educadora aprendan la recta jerarquía de valores. Y enseñemos no sólo con la doctrina sino también con el ejemplo, especialmente en lo que a enseñanza religiosa se refiere.


La educación es el medio propio para que el hombre se perfecciones como hombre, se haga virtuoso, desarrolle los valores que están latentes en su naturaleza. La educación busca dar al cuerpo y al alma -como tan magistralmente lo definió Platón- toda la belleza de que son susceptibles.

lunes, 30 de marzo de 2009

ESPERO HAYAS PARTICIPADO ACTIVAMENTE DE LA HORA DE NUESTRO PLANETA... Aqui van unas recomendaciones para que tengas en cuenta:

En el hogar

° Usa la lavadora a su máxima capacidad y con agua fría. Ahorrarás energía y tus prendas te durarán más tiempo.

° Elige bombillos de bajo consumo. Utilizan hasta un 80% menos energía y duran ocho veces más. Durante su vida útil, este artefacto puede evitar la emisión a la atmósfera de casi media tonelada de CO2.

° A la hora de comprar un electrodoméstico, fíjate en la energía y el agua que consumen y opta por los de calificación A.

° Descongela la nevera antes de que la capa de hielo alcance 3mm de espesor: podrás conseguir ahorros de hasta el 30%. Ajusta el termostato: una temperatura de 6ºC en la zona de refrigeración y 18ºC en el congelador.

° Mientras te laves los dientes o te enjabonas en la ducha cierra el grifo de agua. Ahorrar agua también es una forma de combatir el cambio climático.


En la oficina


° Apaga la pantalla del computador durante la comida. También puedes programarla para que se apaguen cuando no se utiliza (busca en las opciones de protección de pantalla). No dejes encendido el equipo al final de la jornada.

° Utiliza equipos de bajo consumo eléctrico, por ejemplo los etiquetados con Energy Star.

° Apaga las luces cuando salgas de la oficina. No enciendas las luces que no estés utilizando, aprovecha la luz natural mientras sea posible.

° Recicla y reutiliza el papel. Reutiliza las caras blancas de los documentos impresos. Fotocopia e imprime a doble cara.


En el transporte:


° Camina o monta en bicicleta. No sólo harás más ejercicio, sino que reducirás tus emisiones de GEI. También utiliza el transporte público cuando sea posible, en vez de usar tu carro.

° Comparte los cupos de tu carro con familiares, amigos y/o vecinos.

° Apaga el motor si estás parado o esperando más de 30 segundos.

° Comprueba la presión de los neumáticos, ya que una mínima diferencia con lo correcto puede aumentar el consumo de combustible alrededor de un 5%.


Una actitud menos consumista


° Produce menos desechos: recicla, reutiliza y repara. Acciones de este tipo reducen el consumo y, por ende, la generación de GEI a través de la producción industrial.

° Comparte las suscripciones a periódicos y revistas con sus amigos y familiares. Después de leerlos, utilízalos para limpiar vidrios y espejos o llévalos a centros de reciclaje.

° Cuando vaya de compras al supermercado, lleva tus propias bolsas de tela y elige las verduras y frutas sin envases o envolturas de plástico, vidrio y papel. En otro caso, recíclalos.

jueves, 26 de marzo de 2009

LA HORA DEL PLANETA

APAGA LA LUZ E ILUMINA EL PALNETA
LA HORA DEL PLANETA, 28 DE MARZO DE 2009
ENTRE LAS 8:30 Y LAS 9:30
Once axtividades que se pueden realizar durante la Hora del Planeta


1. Organiza una eco-fiesta
Reúne a tus amigos en una fiesta “por el planeta”. Utiliza velas, lámparas y linternas de pilas recargables para alumbrar, ofrece comida orgánica, evita utensilios de plástico, decora con flores y plantas naturales y, en lo posible, consigue música acústica. Habla con tus invitados sobre las medidas que has tomado para reducir tu huella ecológica y comparte con ellos soluciones para ahorrar energía, dinero y emisiones de dióxido de carbono.

2. Renueva la energía de tu hogar
Apuesta por la energía eficiente: reemplaza las bombillas viejas por bombillas ahorradoras fluorescentes, instala interruptores de energía (de forma que puedas apagar aparatos electrónicos más fácilmente) y cambia los filtros del aire acondicionado. También puedes dar un paso más allá: a la hora de comprar electrodomésticos nuevos, opta por los que sean de clase A de ahorro energético y llama a tu compañía de electricidad para solicitar energía verde (eólica, hidráulica o solar)… crea la inquietud en ellos.

3. Actividades ecológicas para los niños
La Hora del Planeta es la oportunidad perfecta para hablar con tus hijos sobre el medio ambiente y explicarles por qué necesitamos proteger la Tierra de los peligros del cambio climático. Busca libros sobre conservación y naturaleza en la biblioteca, organiza un pic-nic o juegos de mesa con linternas.

4. Haz una buena limpieza y recicla
Utilizando una linterna, puedes plantear como un juego la búsqueda en el hogar de objetos para reciclar: busca latas, botellas, papeles y cartones, envases y utensilios de plástico. Aprovecha esta hora para ir a los contenedores y volcar todo lo que has encontrado.

5. Reduce el consumo de energía en la oficina
Aunque no puedas apagar todas las luces de tu oficina, busca qué aparatos se pueden desconectar, apagar o usar de forma eficiente (por ejemplo, consumir menos papel imprimiendo por ambos lados). Si no vas a la oficina el sábado, déjalo listo desde el día anterior. Todos los días millones de pantallas de computadores e impresoras se quedan encendidas durante la noche: ¡apágalas! Habla con tus colegas sobre qué se puede hacer para ahorrar energía y marcar la diferencia.

6. Involucra a los líderes locales
Si tu ciudad no está participando en La Hora del Planeta, habla con tu alcaldía y pide que organicen un foro ecológico con la comunidad en un edifico público el 28 de marzo de 8:30 a 9:30 PM. Ayuda en la organización e intenta convocar a asociaciones y grupos ecologistas. Prepara un buen cuestionario para preguntar a tus líderes que están haciendo para mejorar la eficiencia energética de tu ciudad.

7. Ayuda a limpiar tu barrio
Toma una linterna, únete con tus vecinos y recorre tu barrio, recogiendo la basura y reciclando todo lo que puedas.

8. Desconéctate y relájate
La mayor parte de nuestras actividades (como ver televisión, escuchar música, navegar por Internet y chatear con amigos) requieren mucha electricidad. ¿Cuánto hace que no pasas un rato simplemente reunido con tu familia o amigos charlando? Tómate una hora para relajarte… apaga todas las pantallas, deja todos los mandos a distancia sobre la mesa y párate a reflexionar, leer o hablar con los tuyos. Te darás cuenta de lo dependiente que eres de la red eléctrica.

9. Si vas a ver el partido Colombia vs. Bolivia
El próximo 28 de marzo, se jugará un partido entre las selecciones de fútbol boliviana y colombiana, en el estadio El Campín (Bogotá). No te olvides de apagar las luces y desconectar los equipos eléctricos y electrónicos que no estés usando y disfruta de la transmisión del juego con tu familia y amigos a la luz de las velas. Verlo por televisión no es un impedimento para que participes en La Hora del Planeta.

10. Regula la temperatura en tu hogar
La nevera es una de las principales responsables de tu huella ecológica —emisiones de dióxido de carbono. Si aún no lo has hecho, baja su temperatura a 6 °C y el congelador a 18 °C y pronto verás la diferencia.

11. Haz una contribución por el Planeta
La Hora del Planeta no termina a las 9:31 PM. Es una oportunidad para disminuir el impacto que tus actividades tienen en el medio ambiente todos los días. Utiliza parte de la hora en que se apagarán las luces para comprometerte personalmente por el Planeta. Esto requiere cambiar ciertos hábitos y decidirse a reciclar, conducir menos, apagar siempre las luces y los aparatos que no se estén usando, entre otras medidas. La única forma en que podemos estabilizar el clima de la Tierra es por medio de pequeños cambios en nuestras rutinas cotidianas.